
Un soldado alemán de 15 años, Hans-Georg Henke, llora después de ser capturado por la 9º armada de los Estados Unidos en Rechtenbach, Alemania, el 3 de abril de 1945. Él, quien rompe a llorar cuando su mundo se derrumba a su alrededor, era un miembro del Escuadrón antiaéreo Luftwaffe (Flackhelfer). Su padre murió en 1938 y su madre en 1944. Él se alistó en el Luftwaffe para mantenerse a sí mismo. | Imágen: life.time.com
El miedo puede paralizarnos o activarnos. Nos hace correr, gritar, sudar, reír… El miedo es incluso capaz de dominarnos si no lo hacemos nosotros antes. La mirada de miedo, de terror, es algo imposible de esconder. La cara entera se descompone y en nuestro cuerpo ocurren decenas de reacciones que nos pueden llevar a actuar de maneras insospechadas, incluso para nosotros mismos.
El miedo es una emoción curiosa porque no es algo definido. Se puede tener miedo a cientos de cosas diferentes y se puede reaccionar a ellas de mil formas.

Escena de la mítica obra de Stanley Kubrik, El Resplandor donde vemos la mirada de locura de Jack y la de miedo de Wendy | Imágen: bustybookbimbo
Al buscar la definición de miedo en la Real Academia Española, me sorprendo con su significado: perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Imaginario es lo que llama mi atención. Nosotros mismos somos capaces de infundirnos miedo, de provocar todas esas reacciones en nuestro organismo solo con nuestra mente, sin que, verdaderamente, nos encontremos ante una amenaza real. La mente del ser humano es increíblemente poderosa y es capaz de hacernos imaginar, no solo miedo, sino decenas de emociones sin que realmente estén ahí. Y como siempre, nuestros fieles ojos están preparados para anunciar a los cuatro vientos aquello que sentimos. Sea real o no.
SE TE NOTA EN LA MIRADA
Autor: Laura Molina Hurtado
• Graduada en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández de Elche
• Miembro del Equipo de comunicación de FacoElche 2014
• Jefa de Prensa SECOIR 2014